Diseño y facilidad de uso: un ERP que no parece una web
Un programa de gestión no se elige por su aspecto. Se elige por lo que hace. Pero después se usa ocho horas al día, todos los días, y ahí el diseño deja de ser una cuestión de gusto: es la diferencia entre una tarea que sale en dos clics y otra que obliga a recordar dentro de qué menú estaba escondida la opción.
La mayoría de los programas de gestión que hay hoy en el mercado son aplicaciones web: se abren en el navegador, esconden las funciones en menús desplegables y responden con el retardo de cada petición al servidor. SigPyme es una aplicación instalada, con todo a la vista en la pantalla principal, ayuda y chat en cada pantalla y una respuesta inmediata.
Un diseño actual, no una pantalla de los años noventa con colores nuevos
Buena parte del software de gestión que se usa en las empresas arrastra una interfaz heredada: formularios densos, rejillas de datos que ocupan toda la pantalla, iconos diminutos, ventanas dentro de ventanas. Funciona, pero cuesta enseñarlo y cuesta que alguien nuevo se encuentre a gusto en él.
SigPyme parte de otra idea: que un programa de empresa puede tener el mismo cuidado visual que cualquier aplicación que la gente usa fuera del trabajo. Tipografía legible, espacio, color usado para orientar —no para decorar— y una identidad propia que se reconoce de una pantalla a otra.
Todas las funcionalidades a la vista
Esta es probablemente la decisión de diseño más visible, y la que más se nota el primer día. Al abrir SigPyme, las funciones están delante, agrupadas por bloques: clientes, pedidos, facturas, presupuestos, cobros, tarifas, estadísticas, el panel de la empresa.
No hay que desplegar un menú para descubrir qué se puede hacer. No hay un submenú dentro de otro submenú. No hay que saber de antemano que aquello que buscas está en «Utilidades → Mantenimientos → Auxiliares».
Un menú desplegable esconde la mitad del programa a quien todavía no lo conoce. Y a quien ya lo conoce le cobra un clic por cada uso, todos los días del año.
Es un planteamiento que se paga en superficie de pantalla, y por eso muchas aplicaciones web no lo hacen: en un navegador el espacio disponible es menor y hay que ir escondiendo cosas. En una aplicación de escritorio se puede permitir que el usuario vea el mapa completo desde el primer momento.
Botones que dicen lo que hacen
Dentro de cada pantalla, la misma regla. Las acciones aparecen como botones etiquetados en el sitio donde se necesitan: crear, buscar, imprimir, enviar, facturar, contabilizar. No como iconos que hay que interpretar ni como opciones ocultas en un menú contextual que solo aparece si se hace clic con el botón derecho en el sitio exacto.
El resultado práctico es que un usuario nuevo puede mirar una pantalla y responder solo a la pregunta «¿qué puedo hacer aquí?». Sin manual y sin que nadie se lo enseñe.
La ayuda y el chat están en todas las pantallas
SigPyme lleva un asistente integrado disponible desde cualquier punto del programa. No es una página de ayuda aparte, ni un PDF, ni un enlace a un manual en otra ventana: está en la pantalla en la que estás trabajando, cuando surge la duda.
Además está especializado por temarios, de modo que la respuesta se ajusta al área sobre la que se pregunta —facturación, almacén, contabilidad, pedidos— en lugar de devolver una explicación genérica. Sobre esto escribimos en aprender un ERP sin depender de la formación.
La diferencia con el modelo habitual es de fondo: en la mayoría de los programas, cuando alguien se atasca, la salida es llamar por teléfono o abrir una incidencia. Aquí la primera respuesta está dentro del propio programa.
Procesos ordenados, siempre en el mismo orden
Hay un recorrido que se repite en toda la aplicación y que conviene explicar porque es lo que hace que el programa se aprenda una vez y valga para todo:
- Funcionalidad
- Listado
- Ficha
Se elige la función, aparece el listado con lo que hay, y desde el listado se entra en la ficha concreta. Funciona igual para un pedido, para un cliente, para un proveedor, para una factura, para un artículo o para un asiento contable.
Quien ha entendido cómo se trabaja con clientes ya sabe cómo se trabaja con proveedores. No es que se parezcan: es que es el mismo camino.
Continuidad en toda la aplicación
Esa continuidad se extiende a los detalles: los listados se buscan y se ordenan igual, los botones están en el mismo sitio, las fichas se guardan de la misma forma, el asistente se abre desde el mismo lugar. La consecuencia es que el tiempo de aprendizaje no se multiplica por el número de módulos que se usen.
En un programa sin esa disciplina, cada módulo se aprende por separado —y a menudo se nota quién lo programó y en qué año—.
Rápido, que es lo que más se nota
Un programa de gestión se usa a base de repeticiones: entrar en un cliente, volver, entrar en otro, buscar una factura, cambiar de pantalla. Si cada uno de esos movimientos tarda un segundo y medio porque hay que ir y volver del servidor, la jornada se llena de esperas pequeñas que nadie contabiliza pero todo el mundo sufre.
SigPyme responde de forma instantánea porque el programa se ejecuta en el propio equipo y solo consulta la nube para obtener o sincronizar datos. Es lo que llamamos arquitectura híbrida: la velocidad de una aplicación de escritorio con la conectividad de una aplicación web.
También es lo que permite cosas que dentro de un navegador no salen igual de bien: trabajar con ventanas, imprimir, manejar volúmenes grandes en un listado o integrarse con el equipo —impresora de tickets, lector de códigos de barras, cajón portamonedas— como hace SigPyme TPV.
El mismo programa en Mac, en Windows y en Linux
Y con el mismo aspecto. SigPyme no es una versión Mac recortada de una versión Windows: es la misma aplicación, con la misma pantalla y las mismas funciones, funcionando de forma nativa en cada sistema. Está contado en SigPyme funciona en Mac, Windows y Linux y en SigPyme para Mac.
Para una empresa con equipos mezclados eso significa que la formación es una sola, la documentación es una sola y nadie trabaja con «la versión buena» mientras otro se apaña con la otra.
Por qué esto importa al elegir programa
Cuando se compara software de gestión suele mirarse la lista de funciones. Es lógico, pero la lista de funciones no dice nada sobre lo que va a costar usarlas. Dos programas pueden emitir la misma factura y que en uno sean tres pasos y en el otro nueve.
Merece la pena mirar, en una demostración, cuatro cosas concretas:
- Cuántos clics hay desde que se abre el programa hasta que se emite una factura.
- Cuánto tarda en cambiar de una pantalla a otra.
- Qué pasa cuando alguien no sabe cómo seguir: ¿hay ayuda dentro o hay que llamar?
- Si al pasar de clientes a proveedores hay que aprender otra forma de trabajar.
Son preguntas que no aparecen en ningún cuadro comparativo y que determinan cómo se vive el programa a partir del segundo mes.