Saltar al contenido

Comercio y TPV

TPV y gestión: lo que cuesta cuadrarlos cada mes

Nadie compra dos sistemas a propósito. Se llega ahí: primero hace falta cobrar en el mostrador y se pone un TPV, después hay que facturar a empresas y llevar la contabilidad y se pone un programa de gestión. Cada uno resolvió bien su problema el día que se compró. El problema nuevo aparece el día 30.

Dos programas que no se hablan obligan a cuadrarlos a mano: el stock por un lado, las ventas por otro y la contabilidad al final. Ese trabajo no aparece en ningún presupuesto, pero se paga todos los meses. Cuando el mostrador y la gestión son la misma aplicación, sencillamente no existe.

La factura que no está en el presupuesto

Pregunta a quien lleve la administración de un comercio cuánto tarda en cerrar el mes. La respuesta suele incluir una tarde entera, una hoja de cálculo y alguna frase sobre el TPV. El trabajo es siempre el mismo:

Ninguna de esas cuatro cosas aporta nada al negocio. Son horas de administración dedicadas a que dos programas cuenten la misma historia.

Dónde se rompe de verdad

El stock deja de ser fiable

Es el daño más caro y el que menos se nota al principio. Si las ventas de tienda se vuelcan una vez al mes, durante veintinueve días las existencias que ves están mal. Con eso se compra de más, se compra de menos y se promete a un cliente de pedido un artículo que se vendió ayer en el mostrador. El almacén no falla por el programa: falla porque le llega la información tarde.

El cliente se convierte en dos clientes

La misma persona que compra en tienda te hace pedidos por teléfono, y en tus datos son dos fichas distintas: una en el TPV, otra en la gestión. Así no hay forma de saber qué te compra de verdad, ni de aplicarle su tarifa, ni de sacar quién es un buen cliente y quién solo lo parece.

La contabilidad va con retraso y a bulto

Un asiento mensual con el total de las ventas de mostrador es una foto borrosa. Sirve para declarar, no para dirigir. Cuando quieres saber qué margen te dejó una familia de producto en marzo, esa información no existe.

Qué cambia cuando es el mismo programa

Cuando el TPV es el propio ERP funcionando en el mostrador, el cambio no es de funciones, es de fontanería: no hay dos sitios donde vive la información. Se pasa el artículo por el lector, se cobra, se abre el cajón y sale el ticket, y esa misma operación ya ha descontado el stock, ha quedado asociada al cliente si lo hay y ha entrado en la facturación y en la contabilidad.

Lo que se gana es lo que se deja de hacer:

Qué equipo hace falta

Menos del que la gente supone. Vale un terminal TPV táctil de los que se venden con Windows y vale también un ordenador corriente. A eso se le conectan tres periféricos estándar de comercio: impresora de tickets, lector de código de barras y cajón portamonedas. Si la tienda ya tiene el mostrador montado, lo normal es que el equipo sirva tal cual.

Cuándo esto no es la respuesta

Un comercio con mostrador, una tienda con almacén detrás o un mayorista con venta al público son el caso claro. La hostelería es otra historia: para cobrar, imprimir el ticket y llevar el almacén y la contabilidad funciona igual, pero las mesas, las comandas de cocina, la división de cuentas y las reservas son procesos propios que hay que desarrollar. Conviene saberlo antes, no después.

Por dónde empezar

Por el inventario, aunque suene poco emocionante. Un TPV integrado con existencias que no se corresponden con la realidad da problemas desde el primer día, y la culpa se la lleva el programa nuevo. Se ordena el almacén, se pone el mostrador encima y a partir de ahí el stock se mantiene solo, que es justo lo que no ocurría antes.

Ver SigPyme TPV Ver precios

¿Cuánto tardáis en cerrar el mes?

Si la respuesta incluye una hoja de cálculo y el listado del TPV, contadnos cómo trabajáis y os decimos qué se puede quitar de en medio.

Solicitar análisis Llamar al 610 112 271